viernes, 14 de noviembre de 2014

La ensaimada abandonada



Siempre que camino por las inmediaciones del parque Alquería Nova, suelo atender con precisión por donde piso. En la zona suelen pasear algunos con sus perros, permitiéndoles evacuar lo que les sobra a diario. Aquella mañana me sentí satisfecho; a lo lejos descubrí lo que me suponía: un gran zurullo con forma de ensaimada mallorquina. Pensé que el perro debería haberlo sentido, no tanto como su dueño por dejarla abandonada, a pesar de que el ayuntamiento mantiene la ordenanza municipal que sanciona a los que omiten recogerla. Es obvio que el animal aquí poco tiene que ver, ya que seguramente sea sacado de su casa para tal menester. Me sentí satisfecho al vadearla y con ganas de avisar a los que se aproximaban en sentido contrario, no lo hice, pensando que por su magnitud, la esquivarían como lo hiciera yo. Al llegar al cruce con la calle Gregorí Mayans escuché una voz conocida, me giré y descubrí a Javier, aguardé para saludarle. Por indicarme que iba con dirección a la farmacia, le acompañé hasta el paseo Germanías. Nos despedimos, pero antes de hacerlo, se me acercó y me dijo al oído:

—Creo que en el paso de peatones has pisado una mierda… de perro.

Resignado, miré la suela de mi zapato, y sí, sí que la había pisado.



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