viernes, 20 de marzo de 2015

PAQUETE RAYADO

Medalla de Oro del VIII Tintero Virtual de Netwriters, "Suspense", compartida con la autora Mar Lana Pradera.


La primera noche soñé que llamaban al timbre del portal y me desperté del susto. En la segunda, pregunté «quién es» por el videoportero, pero el reloj sonó antes de que pudiera oír la respuesta.
 
No recordaba haber soñado antes algo así. Mi inquietud aumentó tanto como mi curiosidad cuando no conseguí encontrar información al respecto en Internet; por lo visto no eran frecuentes los sueños por capítulos.
 
A la tercera noche escuché: «El cartero... un paquete para Isabel Giles».
 
Me obsesioné tanto con el sueño que perdí el interés por mis obligaciones, amistades y aficiones; durante el día solo pensaba en la hora de acostarme para soñar con el próximo episodio, pues intuía que el subconsciente quería enviarme un mensaje especial e importante; si no, ¿para qué tanta insistencia con la misma historia?
 
En la cuarta noche, la alarma del móvil me desveló cuando el cartero entraba en el patio para entregarme el paquete: nadie puede imaginar la rabia que me entró... Incluso pensé en seguir durmiendo y no ir a trabajar (ya me inventaría luego cualquier excusa), y, aunque me arrepentí a tiempo para coger el metro de las siete y media y llegar sin retraso, estuve todo el día con un humor insoportable.
 
A la quinta noche no pude dormir hasta las seis de la mañana del día siguiente, tal era mi excitación nerviosa. Menos mal que era sábado y descansaba ese fin de semana. Enseguida soñé que llamaban al timbre de mi piso y veía al cartero por la mirilla; le abrí la puerta y me entregó el paquete después de firmar el recibí.
 
Entraba en la cocina para abrirlo cuando el impertinente riiin del fijo me despertó. «¡Mierda! ¡Otro corte!», pensé al saltar de la cama. Me acerqué al teléfono, pero como no reconocí el número de la pantalla, no descolgué el auricular. «Esta vez no me despierto ni por un terremoto», pensé al sacar el cable telefónico del cajetín.
 
Regresé bostezando al dormitorio, dispuesta a no salir de él hasta que consiguiera abrir el paquete: no tardé en soñar que lo observaba con atención en la cocina. Era una caja de cartón de unos cincuenta centímetros de ancho, más o menos, por otros tantos de largo y de alto, y carecía de remitente. Tampoco sonó nada dentro al agitarla. Saqué un cuchillo del cajón y rasgué la cinta adhesiva por el lado donde estaba la etiqueta con mi nombre y dirección. En cuanto levanté una de las cuatro solapas, el sueño se oscureció y unos segundos después apareció la imagen previa.
 
Creo que el paquete está defectuoso, o mejor dicho, rayado, pues cada vez que intento alzar la segunda solapa, levanto de nuevo la primera. Y no me voy a despertar hasta que consiga abrirlo por completo.
 


4 comentarios:

  1. Este relato parece una escalera de Escher. Estupendo, Seltima. ¡Enhorabuena!

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  2. Más suspense no cabe en menos. Estupendo relato.
    Un abrazo.

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  3. Más suspense no cabe en menos. Estupendo relato.
    Un abrazo.

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  4. Más suspense no cabe en menos. Estupendo relato.
    Un abrazo.

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